Cáncer infantil: detección y factores de riesgo

Una guía de la Organización Mundial de la Salud sobre esta enfermedad que afecta a niños y niñas de todo el mundo

Según la Organización Mundial de la Salud, el término “cáncer infantil” se utiliza para designar distintos tipos de cáncer que pueden aparecer en los niños “antes de cumplir los 15 años”.

El cáncer infantil es poco frecuente. Representa entre un 0,5% y un 4,6% de la carga total de mortalidad por esta causa.

En la Argentina, cada año se diagnostican en promedio 1290 casos nuevos de cáncer infantil, según datos del Instituto Nacional del Cáncer. De ese total, entre 450 y 470 son leucemias, con un 37,4% de incidencia. El segundo tipo de cáncer más frecuente entre los niños son los tumores de sistema nervioso central y linfomas, con un 19% de los casos.

-Detección del cáncer infantil:

Según la OMS, la mayoría de los cánceres infantiles “inicialmente presentan signos y síntomas inespecíficos, lo que puede hacer que se detecten en fases ya avanzadas”.

En los países de ingresos altos, donde los niños suelen estar sometidos a una estrecha vigilancia tanto médica como parental, las posibilidades de una detección precoz son mucho más elevadas. En cambio, en los países de escasos recursos existen además otros obstáculos adicionales que dificultan una detección precoz, como la falta de acceso a los servicios de salud y la escasez de medios de diagnóstico.

-Factores de riesgo:

Se han identificado unos pocos factores de riesgo, entre ellos las radiaciones ionizantes y la toma de dietilestilbestrol durante el embarazo (una hormona que ya no se utiliza como tratamiento).

Algunos cánceres infantiles también guardan relación con la constitución genética, como sugieren las diferencias en las tasas de incidencia entre poblaciones étnicamente distintas.

A su vez, algunos estudios sugieren que ciertos virus como el EBV, el virus de la hepatitis B, el virus del herpes humano o el VIH también pueden incrementar el riesgo de padecer determinados cánceres infantiles.

Fuente: La Nación