Las escuchas que muestran cómo los narcos de la villa 1-11-14 consiguen sus ametralladoras

El juez Sergio Torres procesó a dos dealers de armas y a un intermediario sospechados de proveer a un traficante paraguayo. Les incautaron más de 85 armas. Cuartos secretos, símbolos nazis y el lado oscuro del hobby del gatillo.

El 1° de octubre pasado, Infobae publicó un extenso informe que detallaba meses de hallazgos de armas pesadas como ametralladoras y granadas en manos de narcos y secuestradores a lo largo de este año, con pequeños arsenales encontrados en operativos policiales. La pregunta era evidente: ¿a quiénes se las compran los delincuentes? ¿Dónde está el mercado negro de armas de alto poder en la Argentina? Un día después de la salida de ese informe, una parte de la respuesta a esas preguntas comenzó a ser un poco más clara.

Por orden del juez federal Sergio Torres en una causa instruida por el secretario Martín Yadarola con el doctor Carlos Rívolo como fiscal, la división Antidrogas Urbanas de la PFA detuvo a dos coleccionistas, Andrés Tofalo y Oreste Jorge Núñez, reconocidos en el circuito local de entusiastas de las armas. Junto a ellos fue arrestado Sebastián Pablo Herrada, con domicilio en San Fernando. Torres estaba, puntualmente, detrás de un presunto narco de la villa 1-11-14 en el Bajo Flores, “Luis A.”, de origen paraguayo. Torres resolvió intervenir su línea: en una conversación, dio con Herrada, “un busca, un articulador”, lo definen fuentes de la investigación. En esa charla, Herrada le ofrecía a “Luis” una serie de “metras”, ametralladoras. La línea de Herrada también fue escuchada; Tofalo y Núñez aparecieron rápidamente en la trama de llamados.

Herrada, en cálculos de Torres, era un intermediario: ambos coleccionistas eran sus proveedores. La semana pasada, el juez federal firmó el procesamiento con prisión preventiva de los tres, tras destinarlos a penales como Marcos Paz. El cargo: acopio y entrega indebida de armas de fuego.

La casa de “Luis A.” en la 1-11-14 fue allanada: no se encontró al presunto traficante. Sin embargo, el resto de los procedimientos revelaron algo sumamente interesante. No solo se incautó un lote colectivo de 85 pistolas, revólveres, fusiles y ametralladoras, uno de los mayores en tiempos recientes, sino que también se descubrió una boca de expendio para la necesidad narco de ametralladoras: el lado oscuro del coleccionismo argentino.

A fines de septiembre, Tofalo y Núñez cayeron juntos: la PFA los encontró dentro de un estacionamiento de acceso público sobre la calle México al 1400 en lo que sería un pase de manos. Tenían un fusil automático pesado calibre 7.72 de fabricación nacional, una carabina automática, dos ametralladoras Halcón y siete pistolas con marcas como Walther en la lista. No solo había armas; también, se encontró documentación del RENAR, con papeles que marcan la venta de una ametralladora Halcón a Tofalo y, curiosamente, cuatro credenciales de uso civil del RENAR a nombre de terceros.

Núñez, por su parte, tenía mucho más: le hallaron en la guantera 14 tarjetas de registro de consumo de municiones, ocho credenciales de uso civil, dos de tiro federal y casi 60 mil pesos repartidos entre toda su ropa. Entre sus pertenencias, había un detalle bastante irónico considerando a sus presuntos clientes finales: una medalla de la DEA. Pablo Herrada, por su parte, no estaba muy lejos tampoco: lo encontraron junto a un presunto cómplice esperando justo afuera del estacionamiento, sentado en un Volkswagen Gol.

La casa de Tofalo en Martínez fue allanada poco después. Había material suficiente para pertrechar a un escuadrón: dos pistolas Glock estaban a simple vista, pero el verdadero arsenal se detectó en un cuarto secreto detrás de una pared falsa. Allí, aparecieron revólveres Taurus, Heritage, Smith and Wesson, seis pistolas, entre ellas una Bersa .380 y una Star .45, un fusil Mauser de 1891 y una vieja Walther PPK alemana. El resto de la lista es verdadero poder crudo: casi 30 rifles, fusiles y ametralladoras, entre ellas una carabina Armalite y un subfusil Kalashnikov.

Había balas en abundancia: más de 40 cajas de municiones de todos los calibres, con trece peines, diez cajas de fulminantes, cinco botellas de pólvora nacional de Fabricaciones Militares y una máquina Dillon para introducir la pólvora en las vainas, más una prensa Lyma para calzar fulminantes, junto a 25 cargadores de diversos modelos.

El departamento de Oreste Núñez en Villa Lugano tenía armas hasta en el botiquín del baño, donde se encontró una vieja pistola Galesi Brescia calibre .25 con el cargador completo. Tenía, por otra parte, gran cantidad de municiones, silenciadores, cartuchos de gas lacrimógeno y pistolas para lanzarlos. Su arsenal contó 30 piezas entre pistolas, fusiles y ametralladoras como una FMK3 con cuarenta cartuchos. Tenía, además, una esvástica de bronce y ocho banderas nazis.

Ambos redujeron todo a un hobby en sus declaraciones indagatorias. Tofalo reconoció ser miembro de la Asociación de Coleccionistas de Armas, con sede en México al 1400, a metros de donde fue detenido y aseguró que le compró un lote de armas a un coleccionista muy enfermo en forma legal. Tofalo dio el nombre, que coincidía con papeles incautados en su arresto, lo mismo otro supuesto coleccionista: otra vez Tofalo dio el nombre, que coincidió con sus papeles. “Esas armas son las que me secuestran en frente a la Asociación de Coleccionistas”, apuntó.

A ese lote, según su relato, Tofalo buscaba venderlo y encontró un interesado. Después, lo señaló al supuesto comprador de ese lote: “Núñez, se llama Jorge creo”. Incluso mencionó que las armas pasaron varios días en la Asociación: “Yo fui y las dejé para que la compre un cliente, es un tema de socios o amigos, es informal. No hay un procedimiento estipulado, porque no es que se dedica a intermediar, ni comprar y vender”, aseguró. Sobre los dos coleccionistas que mencionó, Tofalo aseguró que ya estaban muertos.

Lo hallado en su casa era la otra mitad del problema. Dijo que “las municiones que se secuestraron en mi domicilio particular están dentro de los límites de lo permitido, es decir hay muchas menos que mil municiones por cada calibre y menos de dos mil quinientas por calibre .22. También se me acusa de acopio de armas. En relación a ello, quiero decir que todas las armas que secuestraron en mi domicilio están a mi nombre y que tampoco son tantas dado a que hay colecciones muchísimo más grandes”.

Núñez fue un poco más retentivo al momento de declarar: se negó a aportar la clave del iPhone que le incautaron. Aseguró ser un aficionado de las armas desde su juventud, con tarjeta de legítimo usuario y coleccionista desde los 21 y dos décadas de presencia en el circuito de ferias de armas. Núñez validó la historia de Tofalo de una compra masiva, asegurando que todo el lote le costaría 90 mil pesos. Simple coleccionismo, dijeron ambos procesados, pero más de cuatro meses de escuchas ordenadas por el juez Torres aseguran lo contrario.

Herrada, con condenas previas por acopio de armas y narcotráfico, es el supuesto articulador. El procesamiento aseguró “que se dedicaba de manera habitual al tráfico ilícito de armas de fuego de todo tipo y calibre, sus piezas, municiones y otros objetos de corte balístico y que, por supuesto, no poseía ningún tipo de autorización para tener, portar, transferir ni realizar cualquier otra actividad vinculada con tales elementos”, con una imposibilidad firmada desde los tiempos del ex RENAR, hoy ANMAC.

En una conversación del 28 de agosto de este año con “Luis”, Herrada le asegura que tiene “seis metras para vender”, que “están buenas y que vienen con dos cargadores cada una”. Herrada le comenta un precio a “Luis”, que intenta bajarlo. La oferta de “metras” se repite en varias conversaciones interceptadas: “escuchame, hay tres metras, las que te mandé las fotos“, le dice a otro interlocutor, al que también le ofrece “siete pistolas de puño”. También, a otro cliente, le ofrece un fusil FAP del mismo calibre y características al que le incautaron a Tofalo y Núñez cuando los detuvieron. Entre todas las escuchas, Núñez es su principal interlocutor: hay registradas más de 20 conversaciones entre ambos.

Sobre Núñez, Torres aseguró que “utilizaba sus contactos, conocimientos y los permisos obtenidos por el organismo competente -el ex RENAR-, para lucrar con la venta ilegal de armas y otros materiales controlados a personas que sabía que no tenían autorización alguna para adquirir tales objetos, entre ellos, el mencionado Herrada”. En una charla del 29 de septiembre, Núñez le reprocha a Herrada que “sabés lo que me preocupa hablar con la gente al pedo, yo tengo una cierta credibilidad, si le digo te voy a llevar la plata es que te voy a llevar la plata ya, con el de las maderas quedé como el culo, lo pedaleé dos meses”.

Un mes antes, Herradas le aseguraba al coleccionista de Villa Lugano que un nuevo negocio estaba cerrado: “positivo todo lo de puño junto con todo, viste, todo me dijeron”, afirmó, mientras añadía que un comprador se llevaría “esas siete, más la otra que vos tenés más la plateada, más me parece el .38 más la Bersita”, junto a “tres metras”. Un día antes, mientras acordaban una reunión en un shopping de la zona norte, Núñez le indicaba a Herradas que te tienen que dar la plata a vos y vos me la tenés que traer a mí”. El hombre respondió: “Ellos van a venir, uno con la plata me la va a dar a mí y yo te la voy a dar a vos delante de él”. Un día antes, Núñez repasaba con Herradas las marcas en la supuesta transa de armas a concretar: Hay de todas las marcas, hay Beretta, son todas importadas, no hay nada nacional, tenés belgas”.

En la misma fecha, 26 de septiembre, Núñez fue escuchado mientras conversaba con Tofalo, evidentemente sobre su negocio en el estacionamiento de la calle México. Núñez menciona un contacto que puede ayudarlo: “Los números… él lo arregla porque la hija labura adentro del RENAR”.

Fuente: infobae