Whatsapp, el causante del 80% de los casos de trastornos de ansiedad

Especialistas explicaron cómo se genera y combate está nueva problemática que provoca la mensajería instantánea.

Qué le respondo; recibió el mensaje o no; está ahí –en línea– pero me ignora; leyó y no me respondió; habrá estado bien mi respuesta, qué me quiso decir con ese emoji. Estos pensamientos se han vuelto muy comunes entre quienes utilizan la mensajería instantánea, uno de los principales éxitos de la tecnología que, con Whatsapp a la cabeza, logró que toda persona, en cualquier momento y lugar, pueda estar conectada.

Sin embargo, esta comunicación “perfecta” que parece a simple vista no tener aspectos deficientes, reaviva uno de los padecimientos más complejos que el ser humano puede tener: los trastornos de ansiedad.

“Las personas con trastornos de ansiedad social son los que más problemas tienen con la mensajería instantánea. Fundamentalmente porque tienen tendencia a procrastinar la respuesta, pensar cuál es la mejor respuesta. No pueden responder de manera sincrónica”, explicó Daniel Bogiaizian, presidente honorario de la Asociación Argentina de Trastornos por Ansiedad (AATA).

Es por eso que, para algunos ansiosos, la sencilla acción de enviar o recibir un mensaje puede convertirse en una pesadilla, disparando un cúmulo de emociones que, como el miedo, la angustia, la tensión o la preocupación, son difíciles de controlar y muy perjudiciales para la salud.

“Hoy, casi todos los pacientes traen problemáticas relacionadas a las redes sociales. Un 80% de los jóvenes tiene dificultades con estos temas, es algo común ya”, agregó Bogiaizian, quien señaló además que estas características se presentan mayoritariamente en pacientes que rondan entre los 22 y 27 años, especialmente quienes ya tienen antecedentes familiares con la misma situación.

“Si venís de una familia de ansiosos hay muchas probabilidades que también lo seas, teniendo en cuenta el ambiente y la educación. Y hay un 30% de influencia genética”, detalló el doctor en psicología.

Según Bogiaizian estos trastornos se dividen en dos. Uno que tiene que ver con el diferimiento de la respuesta en la búsqueda de la mejor devolución. Y el otro, la consecuencia de lo que sería la identidad prefabricada que entra en discrepancia con la realidad.

Por ejemplo, una persona en un chat muestra un nivel de seguridad personal que después fracasa porque no puede llevarlo al encuentro cara a cara. Lo mismo ocurre cuando hay una elección y/o edición rigurosa de las fotos que se muestran.

En tanto, para Francisco Vanoni, instructor de mindfulness en la asociación Visión Clara, “no es la tecnología en sí misma sino cómo nos relacionamos con ella. Esperar el mensaje de Whatsapp genera a nivel cerebral una descarga de endorfina que estamos esperando, eso que parece ser el placer”, describe. Y agrega, sobre la mensajería instantánea, que paradójicamente es “una desconexión que se da desde la conectividad, nos lleva a la desintegración que es la raíz de la enfermedad. Genera servidumbre cuando en realidad tendría que estar al servicio del ser humano”.

Los especialistas coinciden en que esta dificultad antes era conocida como fobia social y que, junto con el cambio de nominación, mutaron otras cosas: “Antes se tenía que enseñarles cómo presentarse cara a cara, ahora tenemos que entrenarlos para que puedan desarrollar habilidades para comunicarse en estos medios, que tienen otras exigencias”, argumentó Bogiaizian.

La psicología y el mindfulness al servicio de la salud

Con prácticas que simulan una exposición, es decir una conversación por chat que puede ser artificial o con una persona que le interese de verdad, la Asociación Ayuda, con su staff de psicólogos y psiquiatras realiza tratamientos individuales y grupales, donde se trabajan técnicas cognitivo comportamentales.

El entrenamiento intenta lograr una óptima comprensión de lo que sucede. Y si se presenta, alguna dificultad aprender a tolerar el rechazo.

Por otro lado, desde Visión Clara, a través del minduflness se apuntan a cambios neurobiológicos. A desarrollar la capacidad de parar, de darse cuenta y de poder gobernar la tecnología y no al revés, decidir cuándo usar y cuándo no. Esta es una práctica simple pero por momentos meramente difícil de incorporar.

No obstante, hay una recomendación que hacen los instructores y tiene que ver con conectarse con los sentidos: salir a correr pero estar presente, sentir los pasos; escuchar música pero escucharla realmente, dejar todo lo que se está haciendo. Mover al cuerpo conscientemente. Es que, sin duda, la vuelta a los sentidos es la única que puede ayudar a que las personas, especialmente quienes sufren de ansiedad, sean menos dependientes de la tecnología.

Fuente: Perfil